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miércoles, junio 10, 2009

QUISIERA SER ALGUIEN MAS

Imagen: Helen Townsend habla con el ex-novio de la persona que ella quisiera haber sido. Tomada de la reseña de la película en The Independent.

Entrada corta. Como truco sucio para tranquilizarme sobre la supuesta falta que les haga a los lectores, voy a escribir una de esas entradas sobre cine que nadie comenta "porque no se han visto la película". Así quedo más tranquilo, al ver que los lectores tampoco escriben nada.

Hace unas horas estaba desparramado, muerto del sueño, en una silla del Glasgow Film Theatre. Las consabidas propagandas de carros, la mayoría de las cuales desprecio con toda mi alma, exceptuando las de "VW patrocina el cine independiente" donde sale gente británica muy silvestre dando interpretaciones locas del guión de películas famosas. La propaganda de Orange, que también me gusta, aunque hoy, por enésima vez, fue la de Emilio Estévez. Finalmente, la de la red de cines europeos, que sí me gusta más. Y después una sorpresa agradable: un corto como los que pasan en Colombia antes de las películas. Creo que es la primera vez que veo eso acá en el Reino Unido. Previsiblemente, mejor que los que me tocaban cuando estaba en Colombia. Ahora como que hay algunos mucho mejores, como Rojo Red. El corto era sólo música y una cámara volando en un parque londinense con el sol de la tarde. Me parecía estar soñando, estuvo chévere.

Finalmente, la película. Según el folleto, era de una adolescente que al actuar para una reconstrucción de los hechos de la policía, se antojaba de convertirse en la joven cuya desaparición se investigaba. Y era eso, más o menos. Pero yo esperaba la historia de una adolescente desequilibrada intensísima que, poseída por el cliché cinematográfico, llevaba el capricho de querer adueñarse de una vida ajena a los dominios del thriller. Pero no.

En realidad, aparece un personaje tranquilo al que simplemente le tocó una existencia bastante triste y contempla embelesada otras existencias mucho más agradables. Nada de esas tormentas emocionales interiores que les suelen gustar a los cineastas y escritores de diversas pelambres; algo mucho más claro e interesante, en un personaje que siendo diferentísimo a mi, me inspiró mucha simpatía. Helen Townsend quería dejar de ser ella y ser alguien más. Pero durante la película no hizo nada al respecto, sólo vivió su aspiración mientras hacía lo que tenía que hacer como Helen Townsend. A lo sumo, sostuvo monólogos bastante sencillos y sinceros como hablando con Joy Thompson, la joven desaparecida. Helen la visitaba en el bosque donde la vieron por última vez, aunque Joy no estuviera ahí.

De hecho, me sorprendió que muchas reseñas ignoraran el hecho de que claramente Helen estaba viviendo la vida de Helen, y no estaba escapando de ella como suelen hacer los dudosos héroes cinematográficos chocolocos.

Vista con mis ojos, en la película Helen pasaba por un proceso para darse cuenta de que Helen no era más Helen que Joy o que cualquier otro. Que el corral que uno mismo se ha construído definiendo quién es, es imaginario, pero tiene que actuar algún hecho particular para que uno vea que el corral imaginario está ahí, que es imaginario, y lo pueda borrar a voluntad. El hecho que le da a uno el empujon para deshacer el corral es en parte externo, pero es más bien como un ritual en el que uno decide participar. Con las reservas de mis lectores escépticos, lo que yo vi en la película, es un ritual funcionando como debe funcionar un ritual. Claro que la película termina abruptamente antes de que se vea claramente si Helen efectivamente se volvió alguien más. Yo creo que es porque no importa. Porque realmente a donde hay que llegar es a darse cuenta que no importa, que uno es uno tanto como es otro.

Carambas. Qué trascendental, que me puse. Pero es que todavía me dura el efecto de la película, su música chocoloca, y el documental previo. Se siente sabroso, no crean.

BONUS TRACK

1 - Liam y Noel tampoco quieren ser ellos.





2 - Daniel Samper Ospina tampoco quiere ser él.



martes, diciembre 23, 2008

LAS CENIZAS ALUCINÓGENAS DEL DOCTOR GONZO

Imagen: Ilustración en el afiche promocional de la película "Gonzo: The Life and Work of Dr. Hunter S. Thompson" El personaje que sale ahí eso, desde luego, el mismísimo Hunter.

Ayer pude por fin finalizar un ayuno involuntario cinematográfico de algunas semanas asistiendo a la película que menciono bajo la imagen: un documental biográfico sobre el genial periodista gringo Hunter S. Thompson, que había mencionado e incluso citado en un par de posts anteriores, el segundo uno de los más visitados de este blog por obra y gracia de Google.

Para hablar de la película, lo más fácil sería tomar la posición "it sucks" de Jay Sherman, y hablar de los numerosos puntos en los que no llega a ser excelente. Pero lo primero que voy a hacer, es reconocer que esa película me tuvo durante sus dos largas horas perfectamente absorbido en una montaña rusa de euforia, angustia, tristeza y rabia que tienen que haber sido un modelo de juguete de las que le provocaban al mismo Hunter las montañas de pastillas ilegales que ingería a cada rato. Supongo que una buena parte del mérito es del personaje y no de la película, porque por alguna razón lo que se refiere a este escritor siempre me ha movido mucho emocionalmente. Creo que sus escritos logran contagiar al lector (o al menos a algunos lectores) con una especie de agitación incómoda perpetua que en adelante asaltará la mente activada por cualquier cosa relacionada: el senador George McGovern, familiar del senador Jim McGovern mencionado en el disco duro del computador de Raúl Reyes (suenan risas grabadas), Las Vegas, Nixon, los Ángeles del Infierno, el Derby de Kentucky, los mint juleps, las pastillas de mezcalina.

Me declaro admirador de Hunter S. Thompson, pero me declaro también una persona absolutamente diferente de él. En particular, me declaro incapaz de escribir como él, porque soy aún más incapaz de vivir como él. El periodismo gonzo, esa inmersión furiosa en la realidad, es algo que debe ser increíble de experimentar, pero que como experiencia directa nos está vedada a la mayoría de los mortales, pienso yo. Al salir de la película comentaba incluso con alguien el hecho de que probablemente haya habido un componente de desequilibrio de neurotransmisores en la genialidad del doctor Gonzo, o una conexión pobre de los lóbulos prefrontales.

La parte fastidiosa del legado de Hunter S. Thompson, pienso yo, viene en dos sabores, que a modo de homenaje procederé a tratar de minimizar y justificar, como una especie de homenaje mínimo e irrelevante.

Uno, es el sabor a menta, de esos cocteles sureños de cuello rojo llamados los mint juleps a los que aludió un(a) comentador(a) de este blog en el post sobre Ralph Steadman. Este sabor incluye a la gran cantidad de detractores de toda laya que han querido explicar por qué el personaje en cuestión no es la gran cosa. Es un espectro amplio: va desde los literatos especialistas cuyo trabajo es no dejarse impresionar por nada que no haya sido un escritor oscuro que escogieron para su tesis de doctorado, hasta los cuellos rojos simpatizantes del KKK que reclaman que Hunter no representa la verdadera naturaleza cristiana de los Estados Unidos (y, por supuesto, ellos sí), pasando por unos católicos que se preocupan porque los jóvenes podrían tomar ejemplo de un escritor sexagenario suicida y volarse los sesos, yendo a dar con su alma inmortal al infierno, y, peor aún, haciendo algo con su cuerpo sin permiso de los curas. Este, por suerte, es un sabor que no hay que pasar muy seguido, porque estos detractores escriben más bien poco. Uno se los encuentra sobre todo comentando noticias, supongo que también llamando a las estaciones de radio gringas, o en los periódicos godos que uno no lee.

Y el otro, es el sabor a sándalo de los fanáticos poco razonables del personaje. No me refiero sólo a los hippies demasiado simplones que no captan las críticas de Thompson a la propia contracultura, sino también, y sobre todo, a las hordas de seguidores posmodernos que tratan de imitarlo, o más bien, de imitar un monstruo de Frankenstein hecho con él y los escritores Beat (Burroughs, Kerouak, Ginsberg). Respecto a eso, tengo una opinión que posiblemente esté tan equivocada como la de un escritor adolescente que quiere despreciar las reglas periodísticas o de la narrativa. Pero como es mi blog, no se puede evitar que la escriba a continuación.

Cuando Hunter S. Thompson se implica tanto en el evento que está cubriendo que se vuelve un personaje central (la receta gonzo), no está haciendo un homenaje a su ego mezquino, como sí tratan de hacer sus imitadores. Está dando el único tipo de recuento que se puede dar alguien desde un ego que precisamente parece estarse cayendo a pedazos. Y no son las drogas, aclaro, las que lo desbaratan, aunque desde luego ayudan. Sus gustos y simpatías están explícitos en su descripción de cosas ajenas a él, e incluso exagerados hasta darle al texto ese colorido sicodélico, pero son sólo un reconocimiento honesto de que todo se percibe a través de unos filtros (algo que ya se había discutido en este blog). Finalmente, además, esto resulta ser un elemento de la forma, menos importante que otras cosas que están menos explícitas. Sospecho, incluso, que él escribía de ese modo, porque en vez de gastar sus energías en superar su manera retorcida de percibir, decidió aprender a escribir así. Y eso no fue una decisión cómoda, porque su aprendizaje parece haber sido aún así muy duro y disciplinado, como sugiere su obstinada idea de mecanografíar "el gran gatsby" de Fitzgerald "para familiarizarse con su música".

Nuevamente, me encuentro con que me extiendo demasiado. Para evitarlo, voy a enumerar las cosas que me quedaron por decir, de manera breve:

  • En uno de los accidentados viajes de este personaje, terminó por equivocación en Colombia, y estuvo durante un tiempo en Cali. En un libro que encargué a una amiga (que también tiene algo que ver con el Hermano Gregorio del pesebre) HST narra este episodio ("The Great Shark Hunt" para el que quiera tenerlo). No encontré el texto en la red, y dejé el libro en Colombia, de modo que quedo debiendo la cita. Sólo mencionaré que para él, en ese tiempo (entre el 62 y 63 creo), los colombianos y venezolanos eran la gente mas violenta del mundo.
  • Después de muerto, se hizo cremar, y sus cenizas fueron disparadas por un cañón descomunal que él ayudó a diseñar cuando era joven. A continuación, el cañón con la forma del logo del movimiento por el que él se lanzó como candidato para sheriff de Aspen, Colorado. Ese logo, que también había sido mostrado en este blog, pasó a formar parte de la iconografía colectiva sicodélica del siglo XX, con su mezcla del puño activista social y el botón de peyote, la cuota sicodélica.
Imagen: Cañón funerario y monumento a Hunter S. Thompson, fotografía de Chloe Sells tomada de la página web de Kitchen Readings.

Adenda: Me doy cuenta de que no hablé de la película en sí, sino del personaje. La película es bien hecha, divertida, colorida, y todo eso. Johny Depp sale más bien poco, y entrevista mucho a la directora de "miedo y asco en las vegas". Me hicieron notar, eso sí, que tiene el mismo molde narrativo de todos los documentales sobre gente legendaria: comienzos oscuros, salto a la fama, degradación en la fama. Como calcado de uno sobre los Beatles. En "The Guardian" decían que es una película que cualquiera podría haber hecho más o menos bien, y que por lo tanto no valía la pena hacerla. Pero a mi me gustó el resultado, tal vez porque no veo tantos documentales.

domingo, mayo 25, 2008

ESCOCIA ES PASIÓN

Imagen: Afiche de la película DOOMSDAY, de Neil Marshall, estrenada este año. Tomada del blog "Secrets under the sea city", donde hay otros afiches más.

Continuando con la tradición de comentar películas apocalípticas como "The Children of Men" y "Youth Without Youth", así como también con la de comentar películas sobre Glasgow (Red Road), preferiblemente filmadas en Glasgow, voy a dejar en el blog algunas impresiones sobre una película de acción post-apocalíptica muy entretenida que vi la semana pasada: "DOOMSDAY".

La película se sitúa en el año 2035 en una escocia que hacía 30 años había sido declarada en cuarentena debido al brote de un virus mortal e invencible, y había sido aislada del resto del mundo por un enorme muro y un sistema automático eficacísimo y desde luego despiadado de vigilancia. Los millones de escoceses que habían tenido la desgracia de estar en suelo patrio cuando la cuarentena, fueron encerrados ahí con el virus, presumiblemente para morirse todos, o, como ocurría en la película, para retroceder a un estado semisalvaje en sus variantes ciberpunk o medieval.

La heroína de la película (interpretada porRhona Mitra) es una superpolicía que cuando niña había sido rescatada a último momento de su país clausurado, y había crecido sin país ni familiares, desarrollando una personalidad de hombre marlboro ruda y autosuficiente, además, desde luego, de unos PODEROSOS brazos. Ella es mandada a Escocia en una misión super-secreta y desde luego super-importante, a traer una supuesta cura para la enfermedad que amenaza con erradicar a la nunca bien ponderada especie humana.

Todo esto, claro, da la excusa perfecta para mostrarnos una Glasgow post-fin-del-mundo muy bien lograda, y hacer una gran matazón de punkeros con disfraces y costumbres interesantes, así como una visita al otro extremo de la regresión histórica escocesa, en el castillo de los oscurantistas medievalófilos. En un artículo de The Guardian puede encontrarse una discusión extensiva de un aspecto importantísimo del apocalipsis: qué ponerse después del apocalipsis. En dicho artículo, Hadley Freeman afirma que "Es peligrosísimo dejar a los escoceses a su albedrío. Ellos fruncirán la cara, se la pintarán de azul y se pondrán ropa que parece salida de una tira cómica de Tin Tin"("It's downright dangerous to leave Scottish people to their own devices. They'll snarl, they'll paint their faces blue and they'll start wearing clothes that appear to have come out of Tintin. Rob Roy: you have so much to answer for.")

Aparte de estas consideraciones relativamente superficiales, la película también muestra la relación bastante ambigua de los escoceses con su país. Un país que tradicionalmente ha producido grandes cantidades de emigrantes, algunos de los cuales resultaron languideciendo hasta perecer en las selvas del darién, en Urabá. La tendencia a irse no es tan fuerte ahora, cuando para un escocés es claramente el mejor país para vivir si no es millonario o al menos rico. Y, sin embargo, se quejan. Todos recordaremos tal vez la opinión que tenían de su país los junkies de Trainspotting. En caso de que el lector no sepa de qué opinión hablo, era mala, y tenía groserías. Y el otro día, en la estación de Balloch, cuando el tren se había retrasado un par de horas por un incendio, un niño le preguntaba al papá "¿por qué no viene el tren?" y el papá le contestaba "porque nuestro país es basura".
Imagen: Escocesas con chumbimba en Glasgow. Tomada del flickr de un tal George Morris
Probablemente la opinión de los escoceses sobre Escocia no mejoraría si se los encerrara acá como en la película, pero la forma como empeoraría me parece interesante. En la película, los punkeros tenían una retórica medio Nietzschesiana que me recordaba un poco a los sicarios de las películas colombianas (aunque se servían de una violencia mucho menos eficaz e instrumental, claro, como buenos punkeros). Y, en cambio, los medievales tenían un discurso aislacionista y fundamentalista sospechosamente parecido al del BNP (British National Party). La mezcla de desprecio y orgullo por su propio país que retratan en la película, y la que he observado en los mismos escoceses, me hace sospechar, una vez más, que la gente es igualita en todos lados.

Ah, si. Y la película, muy buena. La recomiendo. No es una obra maestra, pero como película de acción es muy buena. Creo que ahora tampoco necesito a Hollywood para eso. Que se los coma el marrano, con sus refritos y su carencia de ideas nuevas.

martes, marzo 11, 2008

LA DEBILIDAD DE EXPRESARSE

El otro día pasaban en el Glasgow Film Theatre una película dirigida por Emmanuel Bourdieu. Este inquieto joven francés es más conocido por ser el hijo de Pierre Bourdieu (el normalista que llenó la sociología de tarjetas perforadas y gráficas), que por ser director de cine o por haber estudiado filosofía.

La película se llama en francés "Les Amitiés Malefiques" y en inglés "Poison Friends", y trata de el impulso de escribir, algo muy adecuado al tema blogueril. Y muy adecuado a mi caso, dado que hace también unos días me arrimé a una teleconferencia con otros blogueros chibchas que bautizamos "el coloquio escatofractal, volumen 0". Tal vez se trata de lo que Martín de Francisco y Santiago Moure llamaban "cometer locución". Pero es que la carne es débil, y a veces dan ganas de hablar.

En la película citaban mucho una frase de Karl Kraus, que rezaba más o menos:

¿Por qué algunas personas escriben?

Porque son demasiado débiles para no hacerlo

Realmente no comparto la obsesión de André Morey, el personaje principal de la película, por la continencia verbal, pero sí reconozco que muchas veces me ha provocado desesperación la cantidad de cosas que se publican innecesariamente. A modo de defensa, diré que en la red todos estos devaneos nuestros no hacen tanto estorbo, al menos no cuando nos abstenemos de inflar nuestro ranking para búsquedas, y cosas así. Y de vez en cuando nosotros, los tan cacareados "productores de contenidos", también nos dedicamos a leer lo que escriben otros, e incluso a comentarlo.

Que somos productores de contenidos, dicen por ahí, que estamos interconectados, que tejemos esto, que tejemos lo otro. Francamente, me parece que lo que producimos, si es que ese verbo tan feo aplica, tiene sólo valor en una esfera muy cercana a nosotros, y en muchos casos no es más que lo mismo que nos bombardea, mal barajado, con lo cual no estamos más que haciendo ecos inprecisos.

Pero, al decir verdad, nos divertimos, y dejar la blogósfera llena de las sobras de nuestras fiestas narcisistas es menos fastidioso que hacer lo mismo con un parque.

Yo, por lo menos, pienso volver a reunirme con el Juglar del Zipa, Apeláez, Vulturno y O-Lu, así como con el que se arrime por ahí. Además, claro, de seguir apilando posts inútiles en este mismo blog.

En la película, uno queda con la impresión de que escribir está bien, al fin y al cabo, aunque dudarlo, e incluso estar convencido de lo contrario, es una etapa necesaria para uno. Pero paro ahí, para no echarle a perder a alguien esa película tan universitaria.

Adenda: Qué carajo, pongamos acá el cuerpo del delito.


Errata: Parece que la frase de Kraus, después de muchas traducciones, quedó inexacta. En alemán es "Warum schreibt mancher? Weil er nicht genug Charakter hat, nicht zu schreiben" que querría decir más bien "Por qué algunos escriben? Porque no tienen suficiente carácter para no escribir". No sé dónde se cambió la frase, pero lo cierto es que en la película no mencionan la original en alemán. Sospeché del error gracias a una reseña que encontré por ahí.

jueves, diciembre 20, 2007

APOCALIPSIS SIN APOCALIPSIS

Imagen: Tim Roth interpretando a Dominic Matei en "Youth without youth", película de Francis F. Coppola basada en una novela de Mircea Eliade

Quien escribe estas lineas apenas sí sabía que Francis Ford Coppola es famoso en primer lugar por el clásico del cine de gángsters "The Godfather", y que después de esa película no llegó a disfrutar nuevamente del mismo grado de popularidad, aunque se acercó cuando filmó "Apocalypse Now", película le dio la tal vez merecida fama de director rebelde. El resto de sus películas, según leo en un artículo con entrevista en The Observer (el alter ego dominical de The Guardian), han pasado sin pena ni gloria y no le han permitido ingresar al variopinto panteón de los directores "con un estilo".


La razón por la que me pongo a pontificar sobre cine, este tema del que se tan poco, es una película de Coppola que resultó en medio del curso informal acelerado de apreciación cinematográfica en el que circunstancias muy felices me han matriculado. Hasta ahora, van una película de Godard, dos de von Trier y un western clásico en la pantalla de mi portátil recién adquirido (windows XP y Vector Linux en cohabitación pacífica). Amén del mejor musical que haya visto jamás ("les dameiselles de Rochefort") y otro montón de películas excelentes en la pantalla grande, hoy volví al Glasgow Film Theater (GFT) para ver la película nueva que dirigieron Coppola y basada en un libro de Mircea Eliade, religiosólogo rumano que me entretuvo varias tardes de domingo en la biblioteca Virgilio Barco con su historia de las religiones.


De modo que no fue Coppola quien me atrajo, sino Eliade. Antes de hablar sobre la película, incurriré aún otra vez en contar mis circunstancias personales: en esa película me divertí como un enano. Tal vez debería decir que fue interesante, que fue universal, que fue bien hecha, bien actuada, etcétera, y todo sería cierto, pero es que tiene la impronta de las historias tostadas(1) buenas: hacen reir mucho. Probablemente tenga también otra impronta, que tal vez podría llamar la otra cara de la moneda: provocan pesadillas.


La película se llama "Youth without youth", y es sobre un lingüista que busca el lenguaje primigenio universal con la saña obsesiva del científico, y cuando va a cumplir 70 años y siente que ha invertido medio siglo en una causa perdida, le es dada, presuntamente por azar, una oportunidad de llevar su proyecto absurdamente ambicioso a buen término. Lo golpea de lleno un rayo, y no sólo no muere, sino que su cuerpo recupera la juventud, con sus facultades no solo conservadas sino curiosamente aumentadas (como parecen sospechar las hermosas enfermeras rumanas ¿se las imaginan? que lo cuidan).


La recuperación milagrosa de Dominic Matei, nuestro héroe, atrae la atención de los nazis, que desde luego tienen su científico loco de planta que hace experimentos con corrientazos de millones de voltios para crear una nueva raza de superhombres. Pero la película va mucho más allá de acercarse al delicioso tema de nazis zombies, y aborda el tema de el humano perfeccionado con una multitud de elementos chamánicos, budistas y demás, que desde luego le hace justicia a Eliade.


Un aspecto mas bien perturbador del rejuvenecimiento del profesor Matei eran unas pesadillas que comenzaron justo desde el corrientazo (hablo del rayo, no del almuerzo(2)). En ellas, él conocía a otros varios yoes, y al menos uno de ellos estaba con él también en vigilia, al principio visible en los espejos, después visible para él en el mundo normal, y después incluso visible para otra persona. No pude menos que identificarlo con lo que Castaneda llama "el otro", una personificación de uno mismo que aparece cuando uno tiene suficiente energía para moverse entre distintos mundos. Una versión del sujeto que está menos comprometida con este mundo que con otros en los cuales éste se mueve.


PARA VER LA PELÍCULA


Para ser consistente con lo que he dicho de la crítica cinematográfica, aunque sin pretenderme crítico, y para contrarrestar cualquier efecto negativo sobre la película, haré algunas preguntas que espero permitan al espectador apreciar más de ella:



  • ¿Cuál es el punto de vista del espectador ofrecido por la cámara? Muchas veces es el del protagonista, muchas el de "el otro" del protagonista, y otras veces, el narrador desapegado. (esto es mérito, según leo por ahí, del joven director de fotografía rumano Mihai Malaimare, al menos en parte)

  • Relacionado con lo anterior, ¿cómo las distintas direcciones en el espacio en las que se sitúan los personajes respecto a otros representan distintos puntos de vista? (ah, nuevamente, los puntos de vista)

  • ¿cuánto tiempo se demoraría uno en acostumbrarse a una edad diferente, si el cambio fuera súbito?

  • ¿Porqué una parte del personaje termina rebelándose contra su obsesión de toda la vida, pero también en cierto modo contra sus impulsos humanos? Eso es algo que no me quedó claro a mi, por cierto.

En fin. Muy, muy recomendada, esta película. Me parece que tiene elementos para que le guste a muchos tipos diferentes de espectadores. Tiene muchos elementos muy profundos, pero sugiero verla con un ánimo ligero.


¿APOCALIPSIS?


Después de publicar el post, me doy cuenta de que no toco para nada el tema sugerido en el título, cosa irritante por lo menos. Está, claro, la referencia a una película anterior de Coppola. Pero es que esta es una película que incluye una pequeña reflexión sobre el apocalipsis. El científico loco nazi habla de la inminencia de un "holocausto nuclear" (curiosa expresión viniendo de él), y en una de sus conversaciones con su otro yo, Matei discute el hecho de que lo que es inminente es la aparición de un nuevo tipo de humanos, algo del estilo de la "La mutación [que] no puede ser mental, sino genética" de Houellebecq. De modo que, olímpicamente, le escurro el bulto a ese excelente aunque muy ladrilludo artículo que enlacé, para que el lector intenso piense en otro tipo de apocalipsis.


Notas:


(1) Entiéndase por cosa tostada algo ideado en un cerebro frito. Entiéndase por frito un cerebro que ha sido sometido a algún tipo de proceso enajenante, como por ejemplo ayunos, meditación, consumo continuo de sicodélicos, o exposición crónica a música destemplada de carrito de helados.


(2) En la jerga actual colombiana, un corrientazo es el nombre que se le da a un almuerzo corriente, antes llamado almuerzo ejecutivo. El nombre anterior era inexacto, desde luego, porque el almuerzo mínimo estándar no tiene nada que ver con ejecutar nada. Pero les hacía justicia a los que tenían pretensión social de quienes se dicen ejecutivos, lo cual me dice que aspiran a explotar a los demás en vez de hacer algo útil.

miércoles, abril 25, 2007

CALIENTE

Imagen: Un detector de metales en el aeropuerto también ama a Derek Smalls. Tomada de un blog de escándalos en Iowa.

¿que el calentamiento global es malo? ¿quién dijo? Bueno, sí puede ser más malo de lo que cualquiera pueda imaginarse, o puede ser un poco mejor que eso. Pero no importa. Voy a hablar de una consecuencia del calentamiento global que nos puede alegrar el día.

"¿Tiene usted algún tipo de placas o miembros artificiales? eh... no realmente..." Tal vez algunos de mis lectores más interesados en la escena rockera, hayan reconocido al símbolo sexual de la foto... Muy bien, señores Hook, Reed, Pothead y demás, ¡es Derek Smalls, bajista de SPINAL TAP! ¿qué tiene que ver Spinal Tap con el calentamiento global? Pues que por cuenta del calentamiento global,

¡VUELVE SPINAL TAP!

Para los que no entienden nada y creen que tengo otro de esos ataques de demencia senil, aclararé que en 1984 el buen Paul Reiser (el que hacía del esposo de la bellísima Helen Hunt en "mad about you")* Rob Reiner sacó un documental ficticio sobre una banda de rock ficticio, logrando el retrato más real e hilarante del fenómeno del rock. Una verdadera joya.

Pues bien, por cuenta del calentamiento global todo el equipo (o varios de ellos) de este clásico inolvidable se ha vuelto a reunir, y decidieron sacar una segunda película, con nuevas canciones y 23 años de inspiración. En The Guardian se preguntan qué causa puede ser lo suficientemente grande para reunir a una banda que lo ha visto todo, lo ha tocado todo, para que lo ponga en una caja y salga nuevamente de gira. Y ellos mismos se responden:

La respuesta se hizo clara hoy, sin embargo, después de que se anunció que legendario acto británico dirigido por Nigel Tufnel y David St Hubbins se reformó para combatir el calentamiento global. Hoy se estrena una película que hurga en la conciencia ecológica de la banda, y la complementarán con una aparición en el festival de verano "Live Earth" de este año.
El director Rob Reiner, cuya relación con la banda data del primer rockumental, "This is Spinal Tap", explicó la decisión antes del estreno de la película esta noche en Nueva York: "Ellos no tienen conciencia ecológica, pero han oído del calentamiento global", dijo Reiner, "Nigel pensaba que era simplemente porque tenía puesta demasiada ropa, y se iba a enfriar si se quitaba la chaqueta"

The answer has become clear today, however, after it was announced that the legendary UK act led by Nigel Tufnel and David St Hubbins are to reform in order to fight global warming. A new film delving into the band's eco-consciousness is to be screened today, and they will back it up with an appearance at this summer's Live Earth festival.

Director Rob Reiner, whose relationship with the band dates back to their classic rockumentary, This is Spinal Tap, explained the decision ahead of the film's debut at a New York festival tonight. "They're not that environmentally conscious, but they've heard of global warming," said Reiner. "Nigel thought it was just because he was wearing too much clothing - that if he just took his jacket off it would be cooler."

El nuevo sencillo, por cierto, se llama "WARMER THAN HELL"

(*) La ignorancia es atrevida. Y la ignorancia con afán, el doble. Gracias Anónimo(a)

viernes, marzo 09, 2007

EL ESPIONAJE ES SÓRDIDO Y PUERCO

Imagen: plaga de langostas, tomada del blog de un monje budista gringo en Mongolia.

Érase una vez un pobre diablo que se tomaba mortalmente en serio. Desde que, de niño, su papá le dió un sermón sobre no decir mentiras minutos antes de suicidarse, vivió en un mundo donde la verdad era una entelequia como la Patria, el Honor, y todas esas cosas a las que se agarra la gente para maquillar la miseria moral de su vida. En cambio, la mentira era una presencia muy concreta y amenazante, que siempre se presentaba junto con la Traición.

El niño traumatizado que toda su vida habló lo mínimo que pudo, era Edward Wilson, primer director de la CIA. Y el mundo de mentiras y principios artificiales en el que creció, era el medio de los patricios de Estados Unidos, una casta que ha tenido el estado en sus manos durante el siglo XX, y lo tiene aún.

Estoy hablando de "The Good Shepherd", la película que terminó Robert de Niro el año pasado. La ilustración que encabeza este texto tiene que ver con la película por dos razones.

Una, es que una de las bellezas que hace esta egregia institución es soltar enjambres de langostas sobre la floreciente "empresa de café Maya" que estaba amenazando los intereses del capital gringo. Supongo que esa campaña fue bastante exitosa, porque fue pocos años después desde Guatemala donde comenzó a operar la famosa "United Fruit Company", que inauguró en Colombia la pintoresca costumbre de las masacres tecnificadas.

La otra, es que las langostas son simplemente saltamontes, que viven tranquilamente comiendo hierbita, hasta que la densidad de su población sobrepasa un valor crítico. Es ahí cuando se convierten en la plaga bíblica que asola regiones enteras. Siempre me ha parecido una buena analogía de la economía de mercado, que es la mano invisible que arruina la vida de Wilson, nuestro pobre diablo, y otras tantas. Es la ambición humana, el interés del ego, que es sano cuando está bajo control, pero que cuando se sale de control tiende a agotar todos los recursos disponibles.

Edward Wilson no se siente parte de un enjambre de langostas. Él está defendiendo un pais idílico de anglosajones que han sido americanos durante varias generaciones, donde, en sus propias palabras, aún los irlandeses, latinos y otras etnias "sólo están de paso".

En la promoción de la película, se insinúa que el tema central es la renuncia de protagonista a llevar una vida familiar normal, por amor a su pais y a sus principios. En realidad, mi opinión es que la fuerza que mueve a este personaje a lo largo de la película es el miedo del demonio de la mentira y la traición que él sospecha agazapado en su interior.

Las dos mujeres en su vida ven en él a un hombre silencioso e introvertido, aparentemente más decente que esos petardos arrogantes de su clase, con incluso alguna sensibilidad para la música y la poesía. La primera, Laura, interpretada por Tammy Blanchard, es una mujer sorda hermosísima y adorable que conoce en una biblioteca, y no tiene nada que ver con su mundo. Él encuentra con ella un oasis en medio de la habitual sordidez de su vida, pero finalmente la deja, sin que medie palabra alguna (el mudo y ella sorda), porque su mundo lo reclama para casarse con la hermana de un compañero de sociedad secreta, que quedó embarazada de él tras un desliz en una fiesta.

Clove, la hermana de su cófrade, es interpretada magistralmente por Angelina Jolie (la "dama del labio goldo"). Es una mujer de sociedad, con una vida ligera y sin preocupaciones, que se enamora a primera vista de él y aspira a vivir una vida normal de familia oligarca gringa. Pero la "llamada del deber", es decir, la huída de su demonio interno, lo lleva a prestar servicio en el Londres bajo el bombardeo alemán, y a quedarse fuera por 5 años. Durante ese tiempo, Clove parece ser incapaz de continuar su vida frívola, y asume el papel de madre solitaria y un poco amargada. Otra que fue abandonada sin mediar apenas palabra. Cuando Wilson vuelve, no sólo no puede recuperar su vida familiar, sino que además le da un tiro de gracia mediante otro desliz con Laura, debidamente documentado con fotos que le son entregadas a su esposa al mejor estilo de los servicios de inteligencia.

La película está contada en un cuidadoso desorden cronológico, que gira alrededor de la investigación de una traición que condujo al desastre militar de Bahía Cochinos, investigación de la cual no me voy a ocupar. Es curioso cómo, en el curso de las investigaciones, la presencia de los espías rusos es incluso agradable; uno de ellos es de hecho una especie de compañero de trabajo de Wilson, que de ser abiertamente un valioso colaborador contra los nazis, pasó a ser un contacto amigable con la KGB (da a veces la impresión de ser el único amigo de este personaje), pero al mismo tiempo su más eficaz enemigo.

Se me quedan muchas cosas por decir, lo cual no me extraña de una película de casi 3 horas. Muchas de ellas, además, son importantísimas en la película. Sólo mencionaré una mas, que fue uno de los detalles que más me impresionó, y cuya función y motivación en la película me ha puesto a pensar mucho.

En un momento dado, aparece un espía que trata de desertar de la KGB, diciendo ser un tal Valentin Miranov. Sólo que alguien que los había convencido de ser él ya estaba colaborando con ellos. De modo que el nuevo Mironov fue interrogado a la usanza de la CIA. No por Wilson, sino por su asistente neoyorquino-italiano, un tipo sencillo y rudo de los que hacen el trabajo sucio en las películas. Pero de Niro minimiza las crudas escenas de una tortura, dándonos una escena mucho más interesante. Después de un interrogatorio estándar, al espía desnudo, cubierto de moretones y con la cara inflamada, le administran una droga novedosa que está siendo probada como suero de la verdad: LSD.
Después de una especie de regresión a la niñez, el espía entra en una especie de trance, y da un convincente discurso: la Unión Soviética no es una amenaza para los Estados Unidos, y la guerra fría es una ficción que utilizan las élites para mantener el poder. Finalmente, dice que él es libre, y salta por la ventana para morir estrellado contra la calle. Una escena poderosa. Debo confesar que me encanta que metan ese manifiesto en la película, y más con la forma de una revelación sicodélica.

En conclusión, la película es para mi la historia de un cierto tipo de víctimas de la guerra. Para mi, las guerras siempre son poco más o menos que gente dándose machete en un barrial, sin nada honorable o glamouroso involucrado. Y el espionaje es una mezcla de eso con peleas de comadres chismosas, en una escala más grande.

domingo, febrero 11, 2007

ESTÉRILES

Imagen: escena de la película "Children of Men", tomada de salon.com

Desde hace algún tiempo le hago saber a mis interlocutores con cualquier excusa que estoy a favor del Movimiento de Extinción Humana voluntaria, que creo que se aproxima una especie de colapso del orden capitalista, y que tal colapso podría ser incluso benéfico, aunque probablemente suframos bastante cuando ocurra. Sin embargo, hace un par de semanas mis opiniones al respecto vacilaron un poco. La razón: una película. "Children of Men". Una película sumamente bien lograda con efectos impresionantes, una excelente historia, actuaciones muy buenas, y una música increíble.

La historia se desarrolla en la inglaterra del 2027, 18 años después de que por razones desconocidas, la humanidad entera se ha vuelto estéril, y aparentemente la pérdida de ese referente que es la continuidad de la especie ha sumido a la humanidad en una locura destructiva, que sólo en Inglaterra ha podido controlarse a medias a través de un estado de sitio donde el gobierno ejerce un autoritarismo sin límites sobre una población desquiciada, y una presión inmigratoria tremenda por parte de la población de todo el resto del mundo.

La película está basada en un libro llamado igual de la escritora inglesa de thrillers P. D. James, y como en el caso de todas las películas basadas en un libro, no falta el que ha proclamado: "es mejor el libro", como si eso tuviera algún sentido. Les hablaba de que esta película me produjo una vacilación en mis creencias sobre la reproducción de la ahora tan inconveniente especie humana; pues bien, aunque no he leído el libro, estoy seguro de que leerlo no me hubiera hecho vacilar en mis convicciones de la misma manera que ver la película.

El cine no es un lenguaje argumentativo; una buena película no le da tregua al espectador para que organice bien la información que recibe de acuerdo a sus cómodos esquemas mentales, ni para que pueda filtrar todas las implicaciones emotivas de lo que está percibiendo. Un buen libro puede afectarnos mucho, pero siempre podemos, y usualmente lo hacemos, detenernos para rumiar un párrafo particularmente sospechoso, intenso o difícil, sin perder del todo el ritmo del texto (bueno, hay también excepciones a esto, y siempre se trata de literatura no argumentativa).

De modo que voy a tratar de explicar porqué la película me ha provocado hondas reflexiones sobre la esterilidad, que apenas ahora mi mente racional comienza a recuperar.

La película muestra un mundo estéril en muchos sentidos: a pesar del tiempo que ha pasado, la tecnología no ha avanzado mucho; de hecho aunque se ven algunos avances electrónicos, se ven más retrocesos en lo que concierne al transporte, la organización social, y se observa la estupidez colectiva de una multitud llorona manipulada por los medios, que moquea ante la muerte por demás predecible del hombre más joven del mundo: un petardillo argentino que se encontraba bastante incómodo en el foco del amor cursi, morboso y universal de la humanidad estupidizada.

La historia pone de manifiesto que lo que mantiene a la humanidad funcionando no es precisamente lo humano, sino aquel mandato por perpetuarse que mantiene a todas las demás especies, de las que el hombre quiere creerse fundamentalmente diferente. Si los humanos concretos se dan cuenta de que no van a tener hijos, ni sobrinos, ni nadie que extienda directamente su existencia más allá de su muerte, se olvidan inmediatamente de sus altisonantes principios, de su Dios (al que los pocos creyentes que quedan no aciertan más que a adular para que les devuelva la capacidad de procrear, o para que les ayude a destruir a los enemigos junto consigo mismos) y de todo lo que consideran digno de preservarse: liberados de la única disculpa para respetar la cultura, que era la motivación mamífera (no humana) de legársela a las siguientes generaciones, vandalizan todo lo que ha sido construído, desde las esculturas griegas hasta los medios de producción.

Hasta ahora, sólo razones para desear la desaparición de la especie. ¿porqué, entonces, la película me hizo vacilar?

Porque la trama se centra en personajes muy creíbles, con los que aún el más cínico se sentirá identificado de alguna manera.

Theo, el protagonista, al igual que los que detentan el poder, está sumido en un marasmo cínico al que logran heroicamente sobreponerse para continuar su vida cotidiana. Las razones de su propio marasmo son globales pero también personales, claro, y tienen que ver con su hijo muerto, la imposibilidad de tener otro, y la situación general que le quitó todo sentido a su relación de pareja con una activista radical. Algo en este personaje nos hace pensar que su manera de sobreponerse al sinsentido es más honesta que la de Nigel, el ministro y protector de las artes, que simplemente "no piensa en eso". Esta especie de honestidad del personaje lo hace acreedor de la confianza y simpatía de perros, gatos, y de la protagonista, una inmigrante que es presumiblemente la única esperanza de la humanidad. También de la antipatía de Patric, personificación del terrorismo puro bajo una melena rastafari.
Uno de los grandes aciertos de la película es hacer creíble a Theo, esta especie de santo cínico.

Por otro lado, el grupo disidente de los "Fish", que luchan contra la xenofobia autoritaria y asesina del gobierno, es la representación de cualquier movimiento revolucionario, con un espectro de participantes que va desde personajes admirables e íntegros pero fanáticamente decididos, como Julianne, la pareja de Theo, hasta terroristas como Patric, que simplemente tienen un gusto fetichista por la violencia y el sufrimiento, y pueden adoptar creíblemente cualquier ideología que los valide como medios. La mayoría de los revolucionarios, sin embargo, son como Luke, la verdadera cabeza de la organización, que está muy convencido pero no tiene principios tan fuertes como Julianne, y son finalmente manipulados por los terroristas puros, siendo muy fácil que se vuelvan como ellos.

Kee, la protagonista, es tremendamente humana, y su confusión, temor y ánimo prosaicamente cotidiano permiten a cualquier persona identificarse fácilmente con ella. Excepto, claro, porque ella es mucho más inocente que la mayoría de nosotros.

Y, finalmente, el personaje más simpático de todos, que es Jasper, un hippie viejo que de caricaturista pasó a cultivador de marihuana, y toma la situación con todo el humor y ecuanimidad que es posible, a pesar de los estragos que ha dejado la represión del gobierno en su esposa catatónica. Toma incluso la posibilidad de salvación de la humanidad, encarnada en la protagonista, con la misma actitud, y lo vemos fuera de la casa haciendo algo que parecen ser los pases mágicos de Carlos Castaneda en beneficio de ella.

La manera cómo la película me afectó, tiene mucho que ver con la actitud como Jasper tomó la salvación de la humanidad, y con una impresión difícil de justificar (tal vez, imposible) de que todos los personajes retratados no tienen en realidad diferencias fundamentales, y que la tragicomedia llamada humanidad no requiere ser "buena" o virtuosa para justificarse, simplemente está ahí. Desde la señora alemana confinada con los demás inmigrantes (si mi precario alemán no me miente, se queja de que la encierren con los negros) hasta el guardia curiosamente amoral que gusta de ser llamado "cerdo facista". Y el que escribe esto y el que lo lee. Todos somos lo mismo.

¿porqué seguirnos reproduciendo? ¿porqué no seguirnos reproduciendo?
La respuesta, la tiene nuevamente el señor plátano.

viernes, diciembre 22, 2006

EL PUNTO CRÍTICO

Desde mi posición ajena, me parece percibir que hay en Colombia una campaña contra los intelectuales, los profesores universitarios, los columnistas y en general todo el que insista en que la realidad es compleja. En un post anterior ya me había burlado de eso, y por lo tanto no me voy a extender mucho. Es curiosamente en ese ambiente anti-intelectual, anti-"hablar en vez de hacer" en que se vive en Colombia, que la crítica de arte está ganando visibilidad y reconocimiento poco a poco. Bien es cierto que es una crítica que es relativamente inofensiva para el statu quo, al menos al parecer de la gente que no sabe (como los que están en el gobierno) como es la crítica de arte en general, parece que lentamente gana terreno y visibilidad. Esa es la crítica de la que voy a hablar.

Y como no estoy muy enterado ni de las particularidades prácticas del quehacer artístico ni de las construcciones teóricas a su alrededor, voy a hablar del tema reseñando la editorial de una revista nueva sobre crítica de arte.

Aprovecho el hecho de que yo estoy más convencido que algunos críticos sobre la utilidad de la crítica.

En la editorial de REFLECTOR se plantea una pregunta elemental ¿PARA QUÉ LA CRÍTICA? y se responde de una manera bastante simple, aunque un poco técnica. Aunque, claro, no es una última palabra, sino lo que ellos llaman "el pitazo inicial de la discusión"

Espero no violar derechos de autor cuando tome tres frases particularmente esclarecedoras para una discusión de la utilidad o sentido de la crítica de arte. Ahí va la primera:

"El oficio de un crítico es el de un espectador que deja testimonio de su experiencia"

Si uno ha presenciado la escena bastante frecuente de un jovenzuelo tratando de impresionar a una jovenzuela en un museo, podrá apreciar la dificultad que implica dejar un testimonio de la experiencia de apreciar una obra de arte. Varias cosas nos saltan a la vista por su ridiculez en esos casos:
  • La idea de que hay una manera correcta de interpretar. Por ejemplo, el sicoanálisis, o el feminismo, o la posmoderna, o una "combinación óptima" de esas, idea con claras raíces en la modernidad más ingenua.
  • El alarde de una especie de sensibilidad exagerada, por el que el espectador hace el simulacro de que estuviera ante algo infinitamente misterioso y ajeno a nuestra realidad vulgar y cotidiana, es decir, lo sublime. Es curioso que esa idea no sólo es bastante popular entre la gente común, sino entre algunos críticos.
  • El uso de otros esquemas de consumo conspicuo (alarde de plata) más comunes para valorar las obras de arte, basándose en ciertos clichés sociales, que intentan hacer ver la elevada posición sociocultural del espectador. Es así como la posición social del artista, o las personas que han comprado los cuadros, se vuelven una parte importantísima de la experiencia estética. El placer de sentirse en la élite.
  • La improvisación de intrincadas (y a menudo incoherentes) teorías sobre la técnica utilizada para realizar la obra. Esto a veces no produce vergüenza ajena, sino que por el contrario, puede ser bastante interesante. De hecho, es la estrategia menos arriesgada para el que quiera usar una visita a un museo de arte como técnica de galanteo. Sin embargo, no todas las personas están igualmente dotadas para la formulación instantánea de teorías de apariencia sofisticada. Algunos fracasan estrepitosamente. Incluso los que tienen algún conocimiento sobre arte para darle algo de credibilidad a su teoría.
En mi opinión, un crítico "profesional" toma este testimonio como un trabajo, como algo que está produciendo para que otros enriquezcan su percepción del arte, y no como una forma de asumir cierta posición ante los demás. El crítico no emite sus conceptos para parecer inteligente, culto, refinado, o rico. Los emite para que el público tenga más elementos en su cabeza que enriquezcan la obra de arte. Más o menos como esos pequeños programas "plugins" que baja un navegador de internet para poder mostrar mejor las páginas web.

El crítico, claro, puede aspirar a más: puede aspirar a darle al público la oportunidad de enriquecer también su percepción del mundo en general, uno puede utilizar lo que dijo un crítico sobre un orinal en una galería para poder apreciar circunstancias absurdas de su vida como experiencias estéticas, por ejemplo. Un crítico muy bueno, puede dar herramientas para encontrar sentido.

"Esta experiencia está contruida a travez de una rejilla perceptiva que es diferente en cada expectador"

Estas rejillas que mencionan los editores son un concepto interesante, que merece alguna discusión.
En el renacimiento los artistas comenzaron a explorar con un rigor matemático el asunto de la percepción del espacio tridimensional, lo que se llama usualmente perspectiva. Leon Batista Alberti, un pintor italiano, inventó una técnica que sería después una analogía muy útil para la percepción en general: la rejilla, en italiano reticolato. El artista ponía un vidrio con una cuadrícula entre él y el modelo para poder encontrar la posición aparente de las cosas con precisión. (esto está descrito en su libro De pintura)
Siglos después, Wittgenstein se inspiró en este concepto para su teoría de la imagen, que dice que todos tenemos una rejilla de alberti para percibir, que determina lo que podemos ver y lo que no. Creo que esto es un tímido acercamiento de la filosofía occidental a la idea oriental de que la mente determina su realidad. Pienso que hay alguna relación, si bien no cercana, entre la rejilla de Wittgenstein y el punto de encaje de Castaneda.

Un crítico nos ayuda a crear una rejilla más fina, que nos permita ver más cosas en la obra, sin imponernos lo que debemos ver. Apegándonos a la analogía con la rejilla de Alberti, el espectador no entrenado tiene una rejilla con unas pocas lineas atravesadas irregularmente; el crítico nos muestra cómo podemos acomodar nuestra rejilla para ubicar los rasgos de la imagen con mayor precisión, y sobre todo para ubicar más rasgos de la imagen.

"El crítico no puede entonces ofrecer una descripción objetiva y absolutista de su objeto de estudio, sino traer a la conciencia esta estructura de percepción para tratar de exponer racionalmente sus reacciones a la obra"

Más importante aún que el ayudar a acomodar la rejilla, es el hecho de llamar la atención sobre el hecho de que está ahí. La crítica nos hace concientes de nuestra rejilla, lo cual es un gran logro. Nos hace conscientes de ella, y nos ayuda a conocerla bien, lo que entre otras cosas nos ayuda a no darle un carácter universal y absoluto a nuestra percepción, error que es demasiado frecuente.

Me abstengo de comentar el primer artículo de la revista, escrito por el filósofo y realizador Juan Carlos Arias, porque con la editorial ya tuve más que suficiente tema para un post. Espero haber logrado mi cometido de abogar por la utilidad de la crítica. Aún ante los críticos.

lunes, noviembre 06, 2006

EL ENGAÑO AFORTUNADO DE UN THRILLER


En la última semana de octubre estrenaron en el Reino Unido una película que fue calificada como "la mejor película británica del año" por algunos críticos, y se ganó el premio de la crítica en Cannes. Como estoy acá y los lunes el cine es mas barato, pude ir a verla. Fue una suerte, porque la película valió la pena. Resultó, como digo en el título, un engaño afortunado.

La película tiene, para empezar, un excelente personaje protagónico. Se trata de Jackie, interpretada magistralmente por Kate Dickie, una actriz nueva en la escena británica, que entra pisando duro. Es una funcionaria que trabaja para la policía mirando cámaras de vigilancia en un gran centro de control en Glasgow. Observando a la gente de una zona pobre de la ciudad, desarrolla mucha simpatía por los habitantes, simpatía que la directora logra también obtener del espectador. Es un personaje lleno de compasión por los demás, al cual un evento traumático ha agregado también un cierto descontrol sobre su vida, que no parece lograr poner en orden, e incluso, resulta después, una capacidad de actuar con algo de crueldad fría. Un personaje entrañable, interpretado por una actriz atractiva, que le da además un matiz sexy en su comportamiento.

En cuanto a la forma, la película tiene el mérito tremendo de llamar la atención de una manera brillante sobre cómo las expectativas del espectador están determinadas por la música, la ambientación, la edición, y finalmente, uno se hace consciente de cómo la película lo manipuló, en el momento en que la trama se aclara, y las cosas no resultan lo que parecían. Me parece que ese tipo de experiencias son invaluables, porque le dan al espectador un tipo de conciencia sobre su forma de percibir, que es una gran ganancia. Tal vez este tipo de cine reflexivo sea en parte aporte de Lars von Trier, que tuvo una injerencia importante en esta película, pues fue el que le sugirió (o mas bien, le lanzó el reto) a la directora, Andrea Arnold, de echarse al agua con esto, y la apoyó a través de The Advance Party.

Hay incluso una tercera característica de la película que me descrestó. Parte de ese engaño didáctico al se somete al espectador, tiene que ver con la percepción de la sordidez. Uno siente que los prejuicios que tiene sobre la gente pobre se hacen evidentes, porque es por ahí que la trama lo engañó. Esto tiene mucho que ver con la construcción del otro protagonista, un personaje muy interesante, del cual no voy a comentar mucho, para no dañarle a mis lectores el gusto de verla.

De modo que eso, y la fotografía excelente, que además es en buena medida una reflexión estética sobre las imágenes de las cámaras de seguridad tan populares en el Reino Unido y en los vecindarios ricos del tercer mundo, hacen que valga la pena verla. Lo malo, es que es una película algo lenta. Sin embargo, si usted puede mantener su atención, se encontrará escenas muy bellas, como un zorro que es captado cruzando una avenida. Y no puedo, además, dejar sin mencionar una excelente escena de sexo, una escena muy cruda pero bien lograda, que hace confluír los elementos más oscuros de la película.

COMPREN, COMPREN