Ahí vamos, entonces, primero, con la modernidad. La modernidad es una forma de ver el mundo (dejémoslo así por el momento) adoptada por
individuos racionales y autónomos, que comenzaron a ser realmente influyentes a partir del siglo XVI (aunque
Chesterton dice que el primer moderno fue
San Francisco de Asís, adelantado más de 3 siglos en ese sentido. Tiendo a creerle, porque ese gordito era muy convincente, y el santo me cae muy bien). Pensemos, sin embargo, más en el hombre moderno como un
Galileo Galilei, realmente emblemático, o, ya más pulido y decantado, en un
John Stuart Mill. Si queremos pensar entonces en la modernidad como una época, pensemos en la era del (pre) dominio del individuo racional.
¿Alguna vez llegamos verdaderamente a vivir la modernidad? Yo diría que la respuesta está en el escudo de armas de
ORLAND: y es
no importa. Y
si importa, tampoco importa. Sin embargo, para tener una idea de cómo evoluciona el mundo, es, en mi humilde opinion, necesario entender hasta cierto punto qué es la modernidad, y qué es lo que puede esperarse que la reemplace. Realmente, cuando eso no se entiende, es imposible comprender el devenir ideológico de los paises en un mediano y largo plazo, y además cometerse burradas, como cuando Blair dijo que obligar a todos los ciudadanos británicos a darle al gobierno datos biológicos concernientes a su persona, era
cuestión de modernidad (me enteré de esa perla
en el blog de Stirer).
El caso, es que el tema que nos ocupa,
por dónde vamos a salir de la modernidad, o incluso
si vamos a salir de ella. Realmente, al pensar en esto debo reconocer que tuve una gran ayuda de un texto del señor
Stavrogin que leí y comenté hace poco. Ese texto, en el que dice tanto, me permite enfocarme en un tema muy concreto, por lo que a los que se interesen en otros enfoques sobre el escape de la modernidad,
los remito a él.
El primer hilo que voy a seguir, está delineado en mi texto sobre el
observador limitado. La racionalidad del individuo moderno la entiendo como
un criterio claro y coherente para decidir la mejor entre las opciones que le son presentadas en cada momento, basado en un conocimiento de las consecuencias de cada acción. Eso presupone, por un lado, que siempre se puede decidir que una situación es mejor que otra, y por otro lado, que el individuo siempre puede ser un observador suficientemente capaz para obtener la información necesaria para predecir las consecuencias de cada elección, y usarla adecuadamente. No es necesario que el individuo racional sea un
Señor Spock, o un
Data; el individuo racional es un ideal, y desde luego, para avenirse a la realidad hay que aflojar un poco, y aceptar una racionalidad limitada.
El "paradigma" Newtoniano del observador perfecto y del punto de vista absoluto es, en realidad, un referente necesario para definir este individuo racional. De hecho, la mecánica newtoniana devino después en una teoría más sofisticada, y con el trabajo de
Maupertuis y
Euler, se definió en términos de principios maximales (mecánica lagrangiana), con lo cual
la naturaleza misma escogía un óptimo para comportarse. Muy moderno.
Y el "paradigma" del observador omnipotente, fue abandonado por la física a principios del siglo XX para desarrollar las dos grandes teorías físicas del siglo: la mecánica cuántica y la relatividad. Ambas basadas en un observador limitado por principio. Un jugador que no siempre puede hallar la manera de ganar, al contrario de tipos como
Philleas Fogg, o su
guayigol descendiente James Bond. Tal vez
podríamos esperar que lo que comience a predominar, sea una forma de ver las cosas basadas en el mismo tipo de limitación y relatividad que dan lugar a la mecánica cuántica y a la relatividad.
Y con esto llegamos al quid del asunto, y es qué es lo que el señor Lanark cree que va a reemplazar al individuo moderno. Pues bien, ya se ha sugerido que va a ser individuo que es un observador limitado, pero hasta el momento, sigue siendo un individuo, y título de este texto sugiere que ya no lo va a ser más.
Resulta que un observador cuántico tiene una cantidad limitada de certidumbre, y la tiene que repartir entre los aspectos que quiera observar de la realidad. De modo que puede dárselas a unas observaciones, quitándoselas a otras (¿les suena la posición de un electrón y su velocidad?). Algunos aspectos que el observador quiera medir pueden ser incompatibles con otros, le toca repartir la certidumbre (información) entre ellos. Y la manera como se cambia de
aspectos de la realidad que se enfocan, es, en la mecánica cuántica, similar a la manera como se cambia de
marcos de referencia en la teoría de la relatividad. Es esta manera de cambiar de punto de vista lo que se introduce en la física con las nuevas teorías.
Otro aspecto interesante de la teoría cuántica, es la no localidad. Resulta que cuando un todo está compuesto de partes, cada una de estas partes tiene sus propiedades locales que el observador puede enfocar, pero también hay propiedades globales (no locales) que en principio son incompatibles con las locales. De hecho, si uno escoge un estado cuántico al azar en un sistema compuesto, es muchísimo más probable, casi seguro, que se encuentre uno con las propiedades no locales determinadas, que uno con las propiedades locales determinadas.
Y aún hay más: igual que cuando separamos un sistema en subsistemas sabemos que hay propiedades no locales que hacen esa separación más o menos ilusoria,
cuando separamos el observador y el sistema que éste observa, también estamos desdeñando propiedades que el observador comparte con lo observado, y que hacen que la separación sea una aproximación inexacta. El observador cuántico está
entrelazado (en inglés, entangled) con lo que observa, comparten un estado común, y considerarlos separados es una aproximación inexacta. De hecho, una teoría de la medida cuántica que funcione, debe considerar al observador y a lo observado como partes de un todo que comparten un estado global. Lo que David Bohm llamó
totalidades.
A esto de considerar las totalidades y los estados no locales, se le ha llamado el
paradigma holográfico. Sin embargo, gran parte de lo que se ha escrito al respecto es tan ingenuo y poco riguroso, que el señor Lanark prefiere ejercitar la capacidad crítica de sus interlocutores remitiéndolos a fuentes que tal vez apunten en este sentido, pero desde tradiciones diferentes a la ciencia contemporánea. Como ejemplo, citemos los argumentos del señor Lanark en el
Foro de la Silla Eléctrica, discutiendo temas de una ética más allá del individuo racional: