lunes, octubre 16, 2006

NOW, I'M A RETRIEVER!



Bueno, ahora sí, voy a contar a lo que me dedíco hoy por hoy, sin detrimento, espero, de la documentación de las anteriores etapas del aburridísimo señor Lanark.

Para los lectores de este blog para quienes sea algo obscura la referencia de este post, tendré que contar algo sobre la canción del grupo de rock cla-cla-cla-clásico de los Monkees, que se llama I'm a believer. Se supone que la canta un tipo que se volvió crédulo porque está enamorado.

En mi caso, enamorado o no, estoy dedicado a una rama de la informática que se llama Information Retrieval, y no he podido traducir de manera satisfactoria al español. De modo que podría decirse que soy un retriever, aunque no cobro patos heridos por los cazadores, como hacían los retrievers originales (de ahí su gusto por echarse a cualquier charco) sino que desarrollo modelos matemáticos para "cobrar" (o recuperar, o pescar) documentos

Todo empezó cuando estaba terminando mi tesis en teoría de juegos cuánticos, cuando me comencé a embobar con las particularidades geométricas de los espacios en los que se representan los estados cuánticos. Como de costumbre, dejé a un lado el objeto que estaba mirando, para embobarme con la lupa que había hecho a la medida del objeto.

Cada observable, es decir, cada característica de un estado cuántico, se representa por un conjunto de direcciones perpendiculares, y los que comparten subconjuntos de éstas, son compatibles, y se pueden medir y determinar simultáneamente. Pero si dos observables son incompatibles, es decir, si al medir uno se borra la invormación sobre el otro, entonces se representan con direcciónes que están en ángulos distintos a 90 grados.

¿y qué tiene eso que ver con las búsquedas en google, por ejemplo? Ahí llegamos a donde apareció un bombillito sobre la cabeza de mi actual director de doctorado, el profesor Keith van Rijsbergen...

Él llevaba algunas décadas estudiando el criterio errático, indisciplinado y complejo con el que los seres humanos reales hacen búsquedas en bases de datos grandes (y últimamente, en internet), y llegó a la conclusión de que los criterios de búsqueda humanos pueden ser bien representados por modelos cuánticos. Digamos que un usuario tiene una capacidad de enfoque limitada para su búsqueda, y al aplicarla completamente a una cosa, se desenfoca en otras. Un modelo cuántico sería como una cámara que uno puede enfocar en una cosa, desenfocando las que importan menos, y usando por lo tanto menos recursos informáticos.

Y heme acá. Mi primera idea, es desarrollar métodos cuantitativos para detectar esa limitación de la capacidad de enfoque en las búsquedas de usuarios en un corpus de textos grandes, y en base a eso, determinar cuál es el tamaño (dimensión) del modelo geométrico (cuántico) adecuado.

Eso sí, no he comenzado a discutir lo que finalmente haga con nadie, estoy a penas enterándome bien de las técnicas existentes para lidiar con el carácter poco formalizable de los criterios de búsqueda humanos.

miércoles, octubre 11, 2006

IMPRESIONES DE VIAJE


Aquí se acaba la conjugación impersonal en tercera persona, y el señor Lanark comienza a hablar de cómo le ha ido en tierras caledonias:



Cuando vine a Gran Bretaña en el 2003, hubo tres cosas que me impresionaron: la gama de verdes intensos que domina el paisaje, tan diferente al verde tropical amarillento; el clima veraniego tan similar al clima bogotano, y la extraña familiaridad que me producían varios sitios. Para evitar entrar en consideraciones paranormales, diremos que la causa más probable para esta familiaridad fue la preexistencia de una época anglófila en mi infancia, que me hizo absorber con avidez todas las referencias visuales y demás a la isla (incluyendo un curso muy pintoresco de la BBC con cassetes). Esa época, claro está, ya murió hace mucho tiempo, y la tumba en que yace dentro de mi mente el niño que yo fui, está más profunda que la mayoría de las cosas a las que mi precaria recopilación verbal me da acceso.
Ese viaje estuvo marcado por una práctica bastante intensiva de la meditación, y algunas experiencias introspectivas bastante fuertes previas. Desde los primeros dias en Bristol acudí a un grupo que seguía las técnicas de meditación de un gurú indio, un tal Sri Chimnoy, y a un centro budista de linaje Kadampa, donde asistí regularmente a prácticas y ceremonias. Parece ser que eso revolvió las cosas un poco en mi cabeza, y todo el viaje estuvo marcado por una sensibilidad emocional exacerbada que me llevava de la euforia a la tristeza profunda varias veces al dia. Ese estado de ánimo me dio una cierta perspectiva para considerar la pobreza vivencial de una vida dedicada a consolidar una carrera científica, y a desmitificar un poco la investigación, que se ha burocratizado (otros dirán proletarizado) como consecuencia del avance de las ciencias (o de la acumulación de datos, si se quiere ser quisquilloso con conceptos como "avanzar")
Mi viaje del 2003 contrasta vivamente con éste, destinado a llevar a término un doctorado de 3 años, y motivado más por la presión laboral que por el espíritu de descubrimiento. Está claro que en Colombia mis oportunidades de hacer algo interesante, e incluso, de llevar una vida satisfactoria en términos de otras oportunidades, iban a ser escasas si no me hacía a un título de Ph.D.

DEJANDO LA QUÍMICA POR LA FÍSICA

El interés que la Mecánica Cuántica ha despertado en el señor Lanark, junto con su nueva afición por la teoría de la información, lo lleva, como se había mencionado, a entrar en el programa de Maestría en Ciencias Físicas de la Universidad de los Andes, y en enero del 2000 comienza sus estudios.
Como no es físico, comienza con una nivelación en física, y encuentra una forma de trabajar que es un poco diferente a la interminable discusión y largas reflexiones sobre los conceptos científicos a la que estaba acostumbrado. En la Universidad de los Andes, la idea era cubrir rápidamente el contenido de cada materia, con tareas algo largas y difíciles que aseguraran que el estudiante manejara con suficiente desenvoltura los conceptos vistos en clase. El nivel le impactó bastante, y se encontró acostándose cerca de medianoche (a veces después) y levantándose a las 4 de la mañana a terminar lo que le faltaba. Después se encontró con que ese ritmo no hubiera sido necesario si hubiera estudiado en grupo con sus compañeros, como hacían casi todos ellos, repartiéndose el trabajo.

Sin embargo, aparte del interesante estado de conciencia no-ordinaria que le inducía la privación de sueño, hoy en dia se consuela con que todo ese esfuerzo probablemente corrigió en parte una de las deficiencias de su formación; no sólo le dio la perspectiva de aplicar los conceptos generales a muchos casos particulares, sino algún grado de disciplina para trabajar cuidadosamente sin desdeñar los detalles particulares, como había hecho hasta ese momento.
Cuando entró en el campo que le interesa, los fundamentos de la mecánica cuántica, lo hizo a través de un enfoque que hasta el momento le había sido ajeno: la teoría de grupos, que se volvería otra de sus aficiones académicas. En química había tenido un primer contacto con esa herramienta, que fue tal vez algo desafortunado por el carácter pragmático y desprovisto de curiosidad y maravilla con el que se espera que un químico aborde la teoría de grupos. Pero el descubrimiento de la elegante estructura de relaciones que se tejen entre las transformaciones entre estados cuánticos

jueves, septiembre 07, 2006

¿Cómo llegamos a este punto?

Era predecible, terminé creando un blog. Principalmente, es para tener al reducido público que le importa, al corriente de mis cuitas, ya que otros tipos de comunicación pueden volverse caros o difíciles. Esta es la historia (y me perdonarán la narración en tercera persona).


HISTORIA NO TAN PATRIA: Don Lanark y la Química


El señor Lanark se ha dedicado con bastantes energías, pero no tanta disciplina, a estudiar lo que le produce curiosidad, de una manera algo egoísta, pero además bastante falta de ambición (la curiosidad no necesariamente pone el pan en la mesa)

Académicamente, el señor Lanark no aprovechó mucho el colegio. Exceptuando, quizás, lo que aprendió en biología, que le ha servido de vez en cuando para descrestar, y algunos ejercicios de lectura que le dieron una pequeñísima cantidad de disciplina mental. Por ejemplo, "El Personalismo" de Emanuel Mounier, que un jesuíta excéntrico (pero no por eso menos lagarto) impuso a su clase, y largas listas de ejercicios algebraicos tipo Baldor que los profesores de matemáticas le llegaron a imponer para que no pretenda pasar esa materia a punta de carreta y pose.

Por suerte para él, los padres de Lanark, ambos ingenieros, se ocuparon de enseñarle matemáticas, física y cosas de computadores en la casa, con lo que a pesar de pasar la mayor parte de su vida colegial acostado en el cuarto mirando el techo, salió académicamente bien preparado del colegio, para cosas como el examen del ICFES (¿o es ifex?) y para el temido examen de admisión de la Universidad Nacional.



Cuando se acercaba a la mayoría de edad (en Colombia, eso es a los 18 años, aunque cuando el señor Lanark obtuvo su cédula estaba en la flor de su adolescencia, con una edad mental de 15 años), el susodicho entró a estudiar química, para saber porqué las sustancias son como son. Y el señor Lanark cayó donde era, porque en la Universidad Nacional (en Bogotá) había otro puñado de ñoños curiosos que estaban dispuestos a gastarse horas y horas en discusiones académicas bizantinas sobre la naturaleza de la materia (algunos eran profesores) en el tiempo libre que dejaba la proverbial revolvedera de líquidos de colores en tubos de ensayo. Después de algunos años de dilettancia académica, una tesis en química cuántica, donde proponía un modelo para un rearreglo molecular, le valió a Lanark su título de Químico, que no pensaba utilizar para ganarse la vida.



Sería, sin embargo, equivocado imaginarse al señor Lanark sumido todo el tiempo en elucubraciones sobre la naturaleza de la materia; ya que al principio de su carrera, aunque hizo incursiones tímidas en la filosofía en general, y en la epistemología en particular, hizo incursiones mucho más concienzudas en la proverbial forma de vida del estudiante borrachín, con compañeros de variado nivel académico, pero excelente sentido del humor. De allí salió, tiempo después, la REVISTA DE QUÍMICA ABSURDA (TAOQUEM), unas gamín-olimpiadas en Química, y el Seminario Inter-Feudos, entre otras mamaderas de gallo. Este tren de vida estaba agotando las reservas neuronales del nerd en cuestión, y por suerte, apareció una química farmacéutica que inexplicablemente (ah, el amort) tomó en sus manos la rehabilitación del señor Lanark, y le dió unas de las mejores épocas de su vida, amén de innumerables y valiosos conocimientos sobre la vida en general, y también sobre la bioquímica en particular.


En el año 1999, la Universidad de Nariño tuvo a bien contratar a este dilettante académico para dictar algunas clases de química, cosa que, ni corto ni (increíble) perezoso, el señor Lanark hizo.
A la sazón, había descubierto un hobbie tan bizantino como la química teórica, aunque tal vez con más futuro: la teoría de la información de Shannon, en sus aspectos menos prácticos y más filosóficos. Es así, como sometió a un grupo de pastusos pioneros de la química a un curso de Química Analítica Cuantitativa con contenido grotescamente filosófico, del cual no sabemos si se han repuesto... Si alguien tiene información sobre estos valientes pioneros, bienvenida sea.


En el año 2000, algo que se expondrá en el siguiente texto llevó de vuelta al señor Lanark a Bogotá, a adentrarse nuevamente en el estudio de su querida Mecánica Cuántica.

COMPREN, COMPREN