jueves, septiembre 07, 2006

¿Cómo llegamos a este punto?

Era predecible, terminé creando un blog. Principalmente, es para tener al reducido público que le importa, al corriente de mis cuitas, ya que otros tipos de comunicación pueden volverse caros o difíciles. Esta es la historia (y me perdonarán la narración en tercera persona).


HISTORIA NO TAN PATRIA: Don Lanark y la Química


El señor Lanark se ha dedicado con bastantes energías, pero no tanta disciplina, a estudiar lo que le produce curiosidad, de una manera algo egoísta, pero además bastante falta de ambición (la curiosidad no necesariamente pone el pan en la mesa)

Académicamente, el señor Lanark no aprovechó mucho el colegio. Exceptuando, quizás, lo que aprendió en biología, que le ha servido de vez en cuando para descrestar, y algunos ejercicios de lectura que le dieron una pequeñísima cantidad de disciplina mental. Por ejemplo, "El Personalismo" de Emanuel Mounier, que un jesuíta excéntrico (pero no por eso menos lagarto) impuso a su clase, y largas listas de ejercicios algebraicos tipo Baldor que los profesores de matemáticas le llegaron a imponer para que no pretenda pasar esa materia a punta de carreta y pose.

Por suerte para él, los padres de Lanark, ambos ingenieros, se ocuparon de enseñarle matemáticas, física y cosas de computadores en la casa, con lo que a pesar de pasar la mayor parte de su vida colegial acostado en el cuarto mirando el techo, salió académicamente bien preparado del colegio, para cosas como el examen del ICFES (¿o es ifex?) y para el temido examen de admisión de la Universidad Nacional.



Cuando se acercaba a la mayoría de edad (en Colombia, eso es a los 18 años, aunque cuando el señor Lanark obtuvo su cédula estaba en la flor de su adolescencia, con una edad mental de 15 años), el susodicho entró a estudiar química, para saber porqué las sustancias son como son. Y el señor Lanark cayó donde era, porque en la Universidad Nacional (en Bogotá) había otro puñado de ñoños curiosos que estaban dispuestos a gastarse horas y horas en discusiones académicas bizantinas sobre la naturaleza de la materia (algunos eran profesores) en el tiempo libre que dejaba la proverbial revolvedera de líquidos de colores en tubos de ensayo. Después de algunos años de dilettancia académica, una tesis en química cuántica, donde proponía un modelo para un rearreglo molecular, le valió a Lanark su título de Químico, que no pensaba utilizar para ganarse la vida.



Sería, sin embargo, equivocado imaginarse al señor Lanark sumido todo el tiempo en elucubraciones sobre la naturaleza de la materia; ya que al principio de su carrera, aunque hizo incursiones tímidas en la filosofía en general, y en la epistemología en particular, hizo incursiones mucho más concienzudas en la proverbial forma de vida del estudiante borrachín, con compañeros de variado nivel académico, pero excelente sentido del humor. De allí salió, tiempo después, la REVISTA DE QUÍMICA ABSURDA (TAOQUEM), unas gamín-olimpiadas en Química, y el Seminario Inter-Feudos, entre otras mamaderas de gallo. Este tren de vida estaba agotando las reservas neuronales del nerd en cuestión, y por suerte, apareció una química farmacéutica que inexplicablemente (ah, el amort) tomó en sus manos la rehabilitación del señor Lanark, y le dió unas de las mejores épocas de su vida, amén de innumerables y valiosos conocimientos sobre la vida en general, y también sobre la bioquímica en particular.


En el año 1999, la Universidad de Nariño tuvo a bien contratar a este dilettante académico para dictar algunas clases de química, cosa que, ni corto ni (increíble) perezoso, el señor Lanark hizo.
A la sazón, había descubierto un hobbie tan bizantino como la química teórica, aunque tal vez con más futuro: la teoría de la información de Shannon, en sus aspectos menos prácticos y más filosóficos. Es así, como sometió a un grupo de pastusos pioneros de la química a un curso de Química Analítica Cuantitativa con contenido grotescamente filosófico, del cual no sabemos si se han repuesto... Si alguien tiene información sobre estos valientes pioneros, bienvenida sea.


En el año 2000, algo que se expondrá en el siguiente texto llevó de vuelta al señor Lanark a Bogotá, a adentrarse nuevamente en el estudio de su querida Mecánica Cuántica.

3 comentarios:

Felipe Arias Escobar dijo...

¿"Contenido grotescamente filosófico"? Je, je, je, así podríamos calificar a una que otra intervanción de la honorable comunidad eléctrica.

Lanark dijo...

Jejeje me pillaron. Pero imaginate eso, en una clase de química analítica

Anónimo dijo...

Lo mas curioso que encuentro en esta intervención es el hecho de que un químico hable bien de una estudiante de farmacia refiriéndose también a sus conocimientos académicos, lo que me hace presumir que esa estúpida "rivalidad" entre las dos carreras de pregrado es mas bien reciente...

COMPREN, COMPREN